C - Cuentos y La Abuela Tatiana.

Ritual a Raza India (Con todo mi agradecimiento)

    A “Raza India” (gracias Amigos por aquel cumpleaños- va por vosotros.)

 

 

El lugar estaba desolado, asomaba sus curvas a  lo lejos una cordillera de montañas.

Dejo caer su montura, una moto polvorienta.

El zumbido del motor apagado dejo todo en sagrado silencio…

Iba con pantalones de vaqueros desgastados y camisa a

Cuadros,

Se quito la cuerda que sostenía su melena negra, abrió un bolso.

El sol, ya desaparecía, con una efímera luz rojiza, color de su raza.

Saco todo cuanto necesitaba para el ritual.

Sobre la tierra, quedo expuesto con respeto:

Una vasija de barro, una bolsa con hierbas, una flauta,

Pintura blanca en un tarro, un tambor y… las plumas.

Cuando hubo recogido la leña,  prendió la hoguera.

Ya era de noche obscura, cuando la luna decidió

Iluminarlo todo con su luz de plata.

Con el torso ya desnudo, en el juego de las sombras,

 La piel pintada y el humo de hierba quemada, apareció el Águila.

De las llamas, el olor de lo sagrado inundo su corazón y danzaron la nostalgia, la rebeldía, la resignación y la sabiduría.

Sus rasgos de día tan jóvenes, a la luz de la lumbre lucían ahora ancestrales.

Afino el oído, cogio la kena, echo un puñado más de hierbas en el fuego, puso la vasija sobre una piedra en alto y tras la lumbre sentado,

Espero la llamada, el susurro de los suyos,

Entonando suavemente un canto:

 

Es. Así es, de donde la mires…

Esa vasija de barro,

Olvidada de mis hermanos.

Tierra, agua, fuego y aire

Dieron a luz esas caderas anchas,

Nobles y generosas.

Toda fertilidad para mis jóvenes sentidos,

Y deleite de mis ancestros.

 

Toca, Toca Kena sagrada

Para que brote el agua

Con todas sus fuerzas

Vasija de barro quebradiza, maltratada

Tú que distes a luz a todos

Y a todos ellos tan sabios.

Toca, toca flauta mágica,

Tengo en mis manos sus cenizas

Pidiendo a gritos, vida eterna.

 

Aviva, fuego tus miradas

Brasas incandescentes,

Diamantes en la noche

Desvanece lo inútil,

Del caminar sangriento

Para que el pájaro sagrado

Se regocije tanto el cielo

Como en el barro.

Aun queda tiempo.

 

El día se llevara las penas,

De todos aquellos resignados.

 

Toca, toca, pero aprisa

 Porque se vuela con el alba,

 La esperanza de acariciar

La magia de la vida

Un día, saqueada.

El soplo de mi  voz se eleva

Y todo mi ser en un grito.

Regocijo de pacíficos ancianos.

 

Sentir, sentir manos

El barro de esta vasija recién cocida

Y que al tacto que no marche aun la noche

Que tan celosamente te retiene.

En alto te elevo, para que el cielo te llene

Y yo humilde soporte, descendiente

De esa danza, no sea quien la impida

Por perdida de memoria del amor que os une.

 

Esperad. Algo llega, ¿de la montaña o es del llano?

¡Que importa de donde! ¡Pero si!

Es… Risa, risa clara y nítida como agua pura.

¿Quién osa reír?

¡Pero si son ellos! Lanza sagrada, nuestros antepasados.

 

Suena, suena alegre canto

Que la aurora ha traído.

En la tierra quedas vasija,

Tú y ella una sola.

Y  hierbas y lamentos,

Porque ya nadie podrá quebrar la vida,

Sello entre Cielo y Tierra

De única hermandad.

Alegría de cada uno de mis bien amados.

Se limpio la faz de la pintura con sus lágrimas y un ungüento,

Guardo las plumas, lo demás fue enterrado.

Recogió su montura y desapareció con el alba.

¡No!, no lo he vuelto a ver, pero si alguno de ustedes ven por allí un indio muy erguido con una eterna sonrisa en la cara, ya sabéis; es el.

Pero sino, hay algo mas.

Podéis ir a un lago, la mirada perdida en el espejo,

Aparecerá un rostro, el de la humanidad,

En el mas bello funeral, el de todas nuestras nostalgias.

 

Persona Celeste Atalaya – 1992 (cuardernos a mis antepasados)

 

 

 

Gracias por participar.