A ti que me has revuelto el corazón, llenándolo de la belleza del desierto, renaciendo a la aurora, en el canto silencio de la luz, llamando a la oración.
Quiero cantarte la emoción de la Vida y el canto de su olvido.
Es una pretensión lo sé, poner palabra al silencio, pero tu sangre bereber me ayudara a no flagelar las palabras con paja que entorpezcan su significado.
Tu me has dicho, las palabras que no salen del corazón son disonantes al oído,
y mi memoria se rozo a lo ancestral del saber de la sencillez y me sentí en casa otra vez.
A ti, Faraón de dunas infinitas, de arenas escurridizas, como la existencia misma. A ti que has perdido tu trono en el caminar de esta existencia y lo has aceptado mirando al cielo, olvidando quizás que el obedece tus ordenes como lo haría un Rey Sabio, abundante, atento y por lo tanto que no teme compartir, pues concede cada uno de los deseos de sus súbditos sin juzgar lo que desean, como su mera función.
Como piramide natural, el que esta arriba, en el punto crucial de su punta, es el mayor servidor y comprometido de Todos, porque es neutro, solo sirve.
De ello, se olvidaron en su día, los faraones aquí y por ello, perdieron su pueblo.
Pir esa memoria, a ti y a un oasis que fue cuna de alianza. La Meca.
Allah-bada sea la Vida y el Amor que la mece.
Porque cualquier palabra que intenta retratar al que Todo lo es y al Todo lo que no es, es ilusión infantil de nuestra pequeña grandeza queriendo limitar lo ilimitable.
“El Universo” te digo yo, para podernos entendenos y que repites tu, burlándote amorosamente de mis locuras.
“Tienes mucha imaginación y involucras a todos en ella, eres peligrosa, estas loca.”
“Lo sé, contesto yo, es riesgo que estoy dispuesta a correr, me rindo ante esta locura, y brindo esa imaginación al vacio de mis propias pretensiones pues quiero hacer uso de mi libertad ya que la tengo. No puedo lavarme las manos en ello, seguirían mancilladas.”
¿Puede nuestro orgullo pretencioso nombrar el Todo de una manera o otra, y que las palabras de Babel lo vulgaricen y intenten separar más aún el corazón que nos une a todos, como hermanos?
¿Puede nuestro orgullo, agradecido por nosotros, reconociéndose en su inmenso servicio de sobrevivencia brindado hasta ahora, desear ser luz y difuminarse en la nada de un desierto de fuego, para renacer de sus cenizas como oasis en nuestro corazón, sin mas espejismos?
Esta es mi locura, pues quiero ser invitada a la cena de la diversidad del que inicio la expansión del Ser también a través de nosotros los humanos y quizás mi pretensión inconsciente.
Porqué mi corazón sabe que en este convite estarán todas las personas de voluntad, presentes, y las que no se ven más del trasluz, entre el alba y la aurora.
Estaremos tu y yo también, y siento mirarte a los ojos del infinito de la belleza de lo eterno.
¿Pueden todos los velos caer, por entendimiento, que la belleza del Todo se vea sin tapujos en todos y en todo, sin medio ni miedo a sucumbir y rendirse ante ella? Y así para los velos tangibles y los que no lo son tanto?
Que Isis rinda a Osiris el saber ancestral que recela en sus entrañas, frustrado desde eones por ser vivido como mero sexo?
¿Puede Adama volver a vivir el andrógino con Sol-edad y aceptación de la Tierra que pisa como la prometida de su corazón?
Y que las lagrimas de mujer sean porque el amor que siente en su pecho se expande mas allá de sus costillas, porque se han mirado y no ha cabido ni tiempo ni espacio en ello y menos ley alguna.
Que él se fije más que nada en sus ojos, sin tener que taparse todo el resto y ella sienta su corazón mas allá de su deseo.
Que él confíe… frente a frente. La vida viene a través de lo femenino cuando eso ocurre, por encima de las leyes que los hombres se complican en establecer. Cuando las leyes de él son de silencio. SILENCIO.
“¿Entonces porque hablas tanto?”me dices tu
“Ah! ahora quieres que calle” y me rio desde lo profundo, feliz, que las palabras se hallan hecho verbo.
¿Quien es quien para nombrar el que no tiene nombre si no tiene limite alguno?
¿Como tu y yo podemos Ser en el pensar, sentir y hacer sin necesidad de establecer sino? Si-no. Hundiéndonos en la duda de arenas movedizas…
Allah-bado sea la alegría del saber de los pasos certeros del que se cae sabiendo que no ha dejado nunca de estar de pie.
Allah-bado sea la amistad, ese micro amor que señala la intención de sinceridad y la aceptación de que a veces las cosas son de más colores que los que uno ha pensado.
Pero en el compartir es la hermandad, que recalca que mi sangre y la tuya surgieron del mismo manantial, sea del sexo que sea, de la raza que sea por una sola, la humana.
La hermandad a mi misma, que me dice que tengo una y sola amiga, conmigo siempre, ya que soy yo misma, mi llama gemela que me susurra al oído, lo que mi ojos físicos no ven y ella a través de mi alma, si.
Por eso, compartir para mi, es como la confianza que así nunca se pierde, porque no se distrae en mundos ajenos porque sabe que son los mismos, con ocuparse de los suyos tiene.
Más allá de la obra que uno representa cada nuevo amanecer…Solo puede ser intima y a mi misma, lo demás serian cotilleos y responsabilidad ajena.
Porqué ella, la confianza es uno mismo, es algo que no se comparte, si no es con EL que es ELLA y que no tiene nombre.
En cada lugar de la Tierra, la musica de su canto, dejo a los hombres una cosa que custodiar, como guardianes de los elementos, la ciencia fue custodia por tu pueblo, la ciencia sagrada, la que retrata las palabras de Ra – Hermes y asi la habeis transmitido a los demás pueblos de la Tierra.
«Aqui, en Europa, no ha habido profeta.»
«No es eso exactamente, los ha habido y los hay, pero no se denominan bajo este nombre. Se ha aprendido a ser cauteloso y los sedentarios son más controlables. En todos los tiempos hay hombres y mujeres al servicio del Universo… Al servicio de si mismos para todos.
Me gustaría no mancillar más la metáfora y expresarla desde el orden del silencio, el oro que todo lo da porque todo ya es.
“¿Entonces porque no callas?” me dices cansino, con una sonrisita en el rincón de labio.
“Y es que estoy aprendiendo a cantar como aprendí a bailar, sol-a”, te digo,
“y es así como me entreno”, regocijándome de la ocurrencia del Todo en mi, que te deja frente a mi y sin embargo ausente.
Para que de mi canto, no surjan ley alguna que haga llorar los hombres sobre sus debilidades, que no son otras que las cunas de sus poderes, materia prima de responsabilidades.
Y no ver como mientras se lamentan de ello, esperando castigo divino, sean del color que sean, dejando alejarse el paraíso por el sentimiento de culpabilidad que solo crearon ellos.
Llenándose de sudor sus frentes por arar lo in-arable, perdiendo de vista, madres , mujeres pariendo en dolor, sumiéndose a la demencia de una sabiduría amordazada, para beneficio del miedo y del esfuerzo que reniega de la abundancia que es lo divino.
«No hay otro remedio» dice tu.
No, no es castigo Divino! Jamás El prohibió nada, como cualquier padre-madre sabios, no lo harían para que el aprendizaje sea corto y leve, sin sadismo, uno no ofrece protección, sino aliento.
Esos sudores son frutos de los hombres mancillando las mujeres y de las mujeres que callan por seguridad.
Son frutos de nosotras mujeres sin valor, en todos sus sentidos, educando hombres orgullosos enmascarando cobardía, hombres enardecidos de ambiciones, cojos de sabiduría, acomplejados ante lo femenino como ante lo infinito, ciegos por la mentira.
Entonces nace el hijo, uno que lleva de nombre Dolor, un dolor que es de fuego, que lo arrasa todo porque es pura paja.
Nace el desierto y la serpiente por fin esta en su hábitat, pero falta de su compañera, que vive en el agua.
El Amor, deseoso de la experiencia del sentir, anhela el momento en que las dos se unen, femenino-masculina, el conocimiento desposándose con la pasión, en una danza que crea mundos, desde la imaginación a la sabiduría del hijo que regresa al hogar, del hijo que mira a sus progenitores frente a frente, en respeto el uno del otro, con el brillo del Amor en ellos porque ya no busca nada.
EL-LA, se regocija, en la elección de cada cuál, que no son más que el mismo, al infinito de posibilidades, más allá de bueno-malo de cualquier listillo, que igualmente ama, porque sabe del principio así pues del final.
De EL-LA salimos, a EL-LA volvemos.
AL-LA-H-bado sea nuestro encuentro, pase lo que pase, por la inspiración de la memoria que me ha brindado.
Porque yo no fui al desierto, entonces vino a mi. El vacio, el que dará lugar a lo pleno, Omega reverenciando Alpha.
Por la memoria celular que hay en el sonido de tu piel.
Gracias hermano, Gracias Al Amor. Gracias.
Lo bueno del corazón es que al ser infinito puede abarcar a Todo y a Todos, si queremos… Y aun así en el instante ser sol-a-mente dos. Tu y Yo, no tuyo.
Es-sufí-ciente.
Porque lo que está claro es que somos todos iguales, hombres y mujeres, más o menos torpes, pero iguales, seamos de donde seamos, si es que somos de algún sitio y eso me lo has mostrado tú.
Gracias, no cabe en mi pecho tanta belleza y sin embargo, la respiro. Estoy Viva.
Faraón. Fa-Ra-On
A mi, a ti, a todos los hombres y mujeres.
Cristina Aurora Teresa.
18/03/2012 – 8- (Cuaderno a mis antepasados)





